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A Tí vengo, Cristo Santo
que por mi bien estás muerto
tras una muerte espantosa
en el terrible madero.
A Tí vengo, Cristo Santo,
porque tus ojos repletos
de infinito amor, me llaman
como al imán llama el hierro.
A Tí vengo, Cristo Santo,
piadosísimo Cordero
abrumado de dolores
para ofrecerme consuelo.
A Tí vengo, Cristo Santo
llorando todos mis yerros
los verdaderos sayones
que han taladrado tus Miembros.
Y porque Tú siempre escuchas,
oh Cristo Santo, te ruego,
bendigas las penas mías
para llevarlas contento,
que si dolores me aquejan
bien merecidos los tengo:
Si padeces siendo Dios,
yo, pecador, ¿qué pretendo?
A Tí vengo, Cristo Santo,
y en tu presencia prometo,
en pago de tanto Amor,
ser tu humilde Cirineo.
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Francisco Novo Alaminos.
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1956.
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A Tí vengo, Cristo Santo
que por mi bien estás muerto
tras una muerte espantosa
en el terrible madero.
A Tí vengo, Cristo Santo,
porque tus ojos repletos
de infinito amor, me llaman
como al imán llama el hierro.
A Tí vengo, Cristo Santo,
piadosísimo Cordero
abrumado de dolores
para ofrecerme consuelo.
A Tí vengo, Cristo Santo
llorando todos mis yerros
los verdaderos sayones
que han taladrado tus Miembros.
Y porque Tú siempre escuchas,
oh Cristo Santo, te ruego,
bendigas las penas mías
para llevarlas contento,
que si dolores me aquejan
bien merecidos los tengo:
Si padeces siendo Dios,
yo, pecador, ¿qué pretendo?
A Tí vengo, Cristo Santo,
y en tu presencia prometo,
en pago de tanto Amor,
ser tu humilde Cirineo.
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Francisco Novo Alaminos.
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1956.
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